miércoles, 13 de enero de 2010

Memento

La vida es lo que vemos y experimentamos segundo a segundo. El mundo nos define bajo una serie de parámetros, y con esta premisa, funcionamos, mal que bien.

Pero, ¿y si la realidad fuera constantemente nueva e inasequible y el único asidero fiable fuesen los recuerdos de un pasado que ya no está?

Imagina que has sufrido un acontecimiento traumático. Imagina que este hecho marca y define tu existencia para siempre.

Supón que tu mujer es violada y asesinada ante tus ojos mientras tú, tras sufrir una tremenda contusión, estás imposibilitado para hacer nada. Imagina además, que tras el golpe, tu cerebro se ve incapaz de retener un recuerdo más allá de quince minutos en tu memoria; que todas las personas que ves y, también conoces, son siempre desconocidas para ti. Que para darle un cierto sentido común a tu vida funcionas en base a fotos polaroid con notas garabateadas al dorso que indican quien o que significa la foto para ti.

Imagina que tu vida se paró tras el accidente y posterior asesinato de tu mujer y que tu memoria marcó a fuegos esos últimos detalles de tu vida normal. Imagina que ahora te empuja la obsesión / necesidad de buscar al asesino de tu mujer en un mundo que funciona de una manera a la cual tú eres incapaz de adaptarte.

Bajo esta intrigante premisa, Christopher Nolan filmaba en 2000 una de las mejores películas que he tenido el placer de ver.

Guy Pierce, magnífico en su papel de Leonard Selby y Joe Pantoliano y Carrie Ann Moss secundando al australiano dan forma al guión que Chris Nolan y su hermano Jonathan, desarrollan en 108 minutos de metraje y una carrera hacia ninguna parte. Una historia que empieza con el final de la película y termina con lo que, habitualmente seria el inicio del film. La historia se va desplegando, literalmente hacia atrás en intervalos de 15 minutos, y esto, que podría resultar confuso y desanimar a la hora de ver la peli, es un lujo para el consumidor de buen cine. La historia avanza / retrocede aportando datos y pistas al respecto de la obsesiva persecución de Leonard Selby a la cual tu te ves arrastrado y terminas poniendo en el lugar del pobre Selby ya que, al fin y al cabo, tú como espectador sabes tanto de la historia como el protagonista.

El recorrido de Selby a través de esta enrevesada historia su apoyo obsesivo a base de fotos polaroid y tatuajes en el torso, escritos al revés para poder ser leídos sólo si los miras en un espejo como cruel recordatorio de su misión/obsesión, marcó, al menos para mí un después a la hora de realizar historias, grandes historias como esta hipnótica Memento.

Como anécdota, reseñar que hacia el 1900, el psicólogo francés Edouard Cleparéde trató a una mujer con un daño cerebral similar y con un trauma de asimilación de recuerdos igual al protagonista de la película. Imagino que los Nolan se basarían en este caso para desarrollar la historia.





3 comentarios:

Erika dijo...

Bueno,a mi me pasa mucho esto,tambien se me olvida todo..
Parece interesante,la veré.
¿Cómo dices que se titula?

TwoHeadsOneBrain dijo...

¿Como se titula el que? A mi edad, se van las cosas con una alegría...me acuerdo que cuando era joven...¿De qué estábamos hablando?

Yo Claudio dijo...

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿!!!!!!!!!!!!!!!!!!¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!!!!!?????????????????????