viernes, 8 de mayo de 2015

Galveston de Nic Pizzolatto: La Manera Más Dolorosa De Caer Es, A veces, Permanecer En PIe



¿Como afrontas el huracán que se acerca, inevitable, devastador, absoluto a las puertas de tu casa?
¿Como le haces frente a lo inasible, a lo inabarcable, a ese algo que no puedes agarrar, zarandear, afrontar con los puños en alto y la rabia cubriendo cada poro de tu piel?
¿Como te enfrentas a la vida que se va, al mundo que se difumina a cada respiración que das?
¿Que haces con los recuerdos, con todos, los buenos y los malos, los mediocres y los horribles, cada sonrisa, cada rechinar de dientes, cada minuto de espera, cada segundo apurado como la última brizna de oxigeno antes de salir al frío espacio exterior?, Cada momento en que has deseado parar el tiempo, momentos pueriles, tontorrones que exprimiste, creyéndote eterno...y ahora, cuando de verdad sería necesario pararlo, avanza hacia ti como una bala, como un adiós, como un huracán.

Galveston, de Nic Pizzolatto. Noir tan doloroso como un último beso. Cada palabra, una caricia dada con una mano llena de espinas. Cada gesto, medido como un corte quirúrgico. Y la sensación, constante, de que te dejas algo importante en las escenas que se suceden, que esa proporción áurea que se retuerce en tu alma, deformada por demasiadas palabras leídas, dichas, escritas, emponzoñada por demasiados pensamientos, se pierde lo fundamental.
Pizzolatto allana tanto los gestos y actitudes, las dota de una normalidad tan real que resulta aterradora. Porque, en una novela, esperas, trascendencia, locuacidad, intensidad dramática, un algo más grande que la vida, la posibilidad de un camino, de una enseñanza, la puta identificación con ese tipo que ni en mil vidas serás.
El frío es lo peor. La verdad es lo aterrador. La lógica de las cosas, la aplastante ominosidad que se percibe cuando ves, tan claro, tan diáfano el final.
Y eso jode. 
Y eso emociona y asusta y te deja abandonado a una miriada de sentimientos contradictorios que se enredan en ese huracán que nos espera a todos, alguna vez, en la vida.

Nic Pizzolatto, y con él la serie televisiva True Detective, de la que es creador y guionista. Y el éxito entre la gente cool, facilitó la publicación de esta opera prima fechada en 2010, tras la recopilación de relatos "Between Here and the Yellow Sea".
Galveston es una novela sobre la autodestrucción y la violencia que puede ser redimida. Sobre lo que se pierde cuando crees que ya no tienes nada que perder y sobre lo pureza,y desventurada fuerza del recuerdo, del momento sentido, apurado, retenido en el alma, aunque duela.

Galveston es una novela negra, fatalista con una necesaria luz de redención que se sumerje en los pensamientos, recuerdos, ausencias y hechos del matón Roy Cady,desahuciado por un cáncer, de pulmón, nieve en las sombras negras que son sus pulmones.
 Debido a una venganza tan patética como real en esta sociedad tan retorcida que vivimos, Cady pasa de ajustador de cuentas y perseguidor a perseguido; obligado, además, más por una extraña necesidad que le chirria constantemente, a cargar con una joven prostituta que, a su vez,  carga con una joven pariente.
La novela se zambulle en una atmósfera opresiva e irreal de lo cotidiano que resulta con ese paisaje entre Texas y Luisiana, luminoso y ardiente, que va coagulando la sangre y el alma de la gente que deambula o esta varada en él, más agobiante que el peor de los garitos o el más oscuro de los callejones.

Galveston es como esos westerns crepusculares a lo Peckinpah, en los que desde un principio sabemos que hemos apostado por el caballo perdedor, una de esas obras demasiado cercana a la puta realidad en las que los malvados campan a sus anchas y los atardeceres no son sino la luz que chisporrotea y petardea hasta apagarse, definitivamente, en la parte trasera de una gasolinera perdida en ningún sitio y no el sol que  ilumina las vidas de aquellos que se merecen sentarse tranquilamente en las escaleras de su existencia, con una cerveza fría en la mano, todo el tiempo del mundo para perder y una sonrisa, esperándote tras la puerta de la vida.

 Dice Roy Cady: "Un día naces y cuarenta años después sales renqueando de un bar, perplejo por todos tus achaques. Nadie te conoce. Conduces por oscuras carreteras y te inventas un destino porque la clave es seguir moviéndose. Así que enfilas hacia el último asidero que te queda por perder, sin tener ni idea de qué vas a hacer con él"

La escritura de Nic Pizzolatto es soberbia, cuidada y magníficamente traducida por  Mauricio Bach, Y es un regalo para todo aquel que ame las palabras y para  el corazón que sienta la necesidad de cerrar los ojos y escuchar la música conque bailan la vida y la muerte en los salones del mundo.


2 comentarios:

Addison de Witt dijo...

Joder me la apunto, acabo de terminar con la última de Ellroy que es el habitual huracan de violencia y alcohol, así que en cuanto acabe la actual me busco esta.
True Detective me parece una de las series mas sobresalientes de los últimos años.
Un abrazo.

bernardo de andres herrero dijo...

La cancion que has puesto me ha emocionado

Otra de galveston for you
y creo que le va como anillo al dedo al post

https://www.youtube.com/watch?v=U_YK_L_Fr4Q