lunes, 28 de mayo de 2012

UFO : No Place To Run



Si echo la vista atrás, con cariño y sin dolor por los años pasados, sino con el regocijo de haber vivido experiencias que me han hecho, nos han hecho, mejor dicho, las personas que somos ahora. Podemos constatar, gozosos, que vivimos una época magnifica para la música. Un momento lleno de bandas irrepetibles, canciones maravillosas y portadas de discos llenas de glamour, fuerza e intensidad.

Portadas como la que poseía el octavo disco de la banda británica UFO, “No Place To Run”.

Una puñetera gasolinera en la que el quinteto de músicos posa a caballo entre la indolencia y el desafío. En ella, el germano Michael Schenker ya no figura como guitarra solista. Tras las continuas desavenencias entre él y Phil Mogg, cantante de la banda y poderoso y absoluto frontman. De esos que, al menos a nuestro humilde parecer, faltan hoy en día, Aunque…¿Dónde encuentras una voz como la de Mogg?

La cuestión es que sería Paul Chapman, demoledor guitarrista que ya había formado parte de la banda Lone Star y de Skid Row, la de los setenta, sustituyendo, mira tú por donde a Gary Moore, el que se ocupase de las guitarras de este magnífico álbum que sería grabado en enero de 1980 y producido, ni más ni menos, que por George Martin. Conocidísimo productor de los discos de los Beatles.

Este hecho me maravilla. La desinhibición que las bandas de hard Rock de la época tenían a la hora de versionar títulos apetecibles, los propios UFO en este disco con el clásico que popularizó Elvis Presley en los cincuenta, “Mistery Train” o tener a  monstruos de la producción como Martin en este disco, o Bob Ezrin en el “Destroyer” de los Kiss, por poner dos ejemplos; dan muestra de ese cariño por la música obviando fronteras y éticas más o menos, infantiles.

Las diez canciones de “No Place To Run” son un compendio de maravillas sonoras  llenas de potencia y melodía.  Lettin' Go, “Young Blood”, "Gone in the Night" o el soberbio inicio del album, “Alpha Centauri”

Chapman ejerce junto al ya clásico tándem, Mogg, Way de compositor con un sobresaliente en los desarrollos instrumentales y ese gusto por el Rock más cañero envuelto en vaporosas gasas de melodía adictiva.

Andy Parker a la batería, Paul Raymond  a los teclados y la guitarra rítmica, el poderosísimo Pete Way al bajo y ese portento vocal que es Phil Mogg, junto al propio Chapman, firmaron, hace treinta y dos años uno de los mejores discos de Rock que estas orejas pegadas a la bicabeza han escuchado.

¿Quién quiere correr cuando podemos escuchar esta maravilla?








7 comentarios:

Alex Palahniuk dijo...

La mejor etapa de UFO fue sin lugar a dudas con Michael Schenker en sus filas, y cada vez que miro los enlaces: más claro lo tengo. Excelente entrada, Two, ¡un saludo!

mariorasero@hotmail.com dijo...

Me has pillado a contrapié, tío, UFO es mi banda favorita desde los 14 años (hace 31, vaya), y no sé qué decir, cuando reaccione haré un apropiado comentario, ahora sólo puedo decir que en EL foro de "Ipunrock" soy PeteWayForever.

GRACIAS POR ACORDARTE DE ESTA ENORME BANDA!!!

Addison de Witt dijo...

Que gran entrada tío, UFO es un bandón de mucho cuidado, este disco hace que no lo pincho... si sé. lo hare mañana...
Un abrazo.

Rafa dijo...

Let's go get it! Por cierto, últimamente os veo mirando mucho hacia atrás, lo que siempre es un acierto. Muy bien el de Styx, btw...

La Pecera del Caimán dijo...

Brutal disco, así de claro. Phil es un señor cantando y dirigiendo la nave, de esa clase de cantantes que ya no hay. De esta época prefiero, "The wild, the willing and the innocent", básicamente por la canción que le da título. ¿quieres alegrarme el día? Ponme a UFO.
la cara de felicidad de Andy Parker tras el concierto de Madrid de hace tres años son de esas cosas que te reconcilian con el mundo. Grandísimos.
A pinchar Lettin´ go al 11 se ha dicho...

ROCKLAND dijo...

¡¡Clasicazo!!
La etpa de UFO con Chapman es de matricula de honor. No llega a las cotas de Schencker pero es la releche también.
un disoc redondo que no ha perdido fuerza después de tres décadas.
Enorme.
Perfecta reseña, compañero!

Saludos.

marcelo pucheta dijo...

Un disco maravilloso