miércoles, 30 de enero de 2013

Django Desencadenado : La Luz Que Aportan Las Sombras



 El sol no calienta. El frio parece tan sólido como la roca, el árbol. El puto suelo que pisan. El “cling”, “cling“, ”cling” monótono, repetitivo, opresivo de los eslabones que unen los pies  de los esclavos, se te mete dentro como el frio asesino y el miedo a los blancos, a las armas, a los sonidos que se salen de tu respiración, el castañeteo de los dientes y el desbocado “tadum”, “tadum” de un corazón asustado desde que nacieron, se le mete a los esclavos en el alma.
Las costras que rodean la costra de sangre de la primera herida, que los grilletes que cada negro esclavo lleva a sus pies, a su alma, supuran una sangre tan roja y caliente como la de los blancos.
Kilómetros caminando mientras los esclavistas van a caballo, abrigados, con agua, con la seguridad de saber que va a pasar diez minutos, diez horas, diez días después.
Así, de esta dolorosa y contundente manera, da inicio Django Unchained,(The D, is dumb) la última obra cinematográfica del niño terrible del cine norteamericano, Quentin Tarantino.
Hay varias cuestiones al respecto de esta particular visión de las pelis del oeste con que Tarantino nos obsequia. Una, la menos importante, pero muy agradable para mí, es que el visionado de la película me ha congraciado de nuevo con las salas cinematográficas a las que, casi, había dejado de ir habida cuenta del bajo, bajísimo nivel cinematográfico de las últimas películas que, desgraciadamente, me he tenido que tragar, yo, que iba al cine de manera casi compulsiva.
Y otra cuestión,  la capacidad de Tarantino para reinventar géneros sin la necesidad de desvirtuarlos, sin inventarse absolutamente nada.Otorgándole a esos magníficos predecesores del cine del oeste todo su amor, toda su devoción. Y, al mismo tiempo, pariendo una obra dolorosamente sincera, amarga, espectacular, divertida y llena de guiños al Spaguetti Western.

El punto de vista del esclavo. De los esclavistas. De toda esa gente que miraba para otro lado o, directamente, obviaba ese otro mundo. El mundo del miedo. De la ausencia de sueños y futuro. Del castigo constante, de la infantilización, por no decir, la animalización del individuo, queda magnificamente reflejada en la obra.
Esa reducción de la persona, del ser humano, a carne intercambiable por otra carne. De humillar hasta la nausea a un hombre, a una mujer reduciendo su vida a trabajo, castigo y una condescendiente tolerancia a esas cosas de negros que, qué remedio, van a seguir haciendo.
El inicio de la obra de Tarantino marca distancias respecto de las revisitaciones de los Neo- Westerns que Hollywood nos ha ido ofreciendo en años pasados. El punto de vista del esclavo, esa inmóvil actitud frente a una recién adquirida libertad y la ausencia de iniciativa para tomarla ya que, demasiados años de inexistencia, colapsan a  cualquiera, te agarran el alma, te desvalijan el ánimo y te enfrentan a una verdad que nunca hemos sufrido pero que está dolorosamente cercana a nosotros.

Ambientada en los estados del Sur norteamericano dos años antes de estallar la Guerra Civil, Django Desencadenado, (La D, es muda) está protagonizada por el actor Jamie Foxx en el papel de Django, un esclavo cuyo brutal pasado con sus antiguos dueños le lleva a juntarse con un cazarrecompensas de origen alemán, el Dr. King Schultz, interpretado por un magnifico Christoph Waltz. Schultz  sigue la pista a unos asesinos, los hermanos Brittle, y Django es el único que podrá señalarlos y lograr así, llegar hasta ellos. El poco ortodoxo Schultz compra a Django con la promesa de dejarlo en libertad tras capturar a los Brittle “ muertos o vivos”. Tras la exitosa misión Schultz deja en libertad a Django pero ambos optan por no separarse y trabajar como pareja de cazarrecompensas.
 Así, la extraña pareja, afrontan la búsqueda y captura de los delincuentes más buscados del Sur. Según va puliendo sus capacidades como cazador, Django se centra en su única meta: hallar y rescatar a Broomhilda (Kerry Washington), la esposa que le arrebató el tráfico de esclavos muchos años atrás. La búsqueda de Django y Schultz los guiará en última instancia a Calvin Candie, Leonardo Dicaprio, al cual, Tarantino dirige de manera histérica y acertada creando un personaje absurdo, ridículo, peligroso y terriblemente real.

“Django desencadenado”, (La D, es muda) es un western desmesurado, como desmesurado es todo lo que hace Tarantino. Sus diálogos, son un compendio de palabras cargadas de vitriolo a las que se unen, como una costra sangrienta, una filosofía y una perspectiva vital, únicas. Los diálogos son  deslumbrantes, piden a voces su publicación en formato editorial; la música, salvo deshonrosas excepciones,(esos putos Rap no encajan ni con toda la buena voluntad del mundo), es majestuosa y la coreografía de la violencia manejada por Tarantino, pese a ser, en ocasiones excesiva, es  del más alto nivel.

Los actores, soberbios. Los anacronismos ( ayyy, esas gafas de sol,), encajan, sin embargo, en la narración y el ritmo, aún para una película que se acerca a las tres horas de duración, 165 minutos, no decae un solo momento.

Pero, sobre todo, importa esto. La película te duele. Te duele la humillación, las violaciones, los terribles castigos físicos, los insoportables castigos emocionales. La reducción de hombres y mujeres a niños, (niños tontos, además), perpetuos. Hombres y mujeres, de los cuales, algunos podrían, de haberse desarrollado de manera normal, haber cambiado, incluso esta civilización.
¿Sabes acaso quiénes son Garrett Augustus Morgan, Richard Spikes, Alexander Mills, Elijah Maccoy, Raphael E. Armattoe, Lewis Latimer, Patricia Bath, Philip Emeagwali, Percy L. Julian, Cheick Modibo Diarra ? Todos científicos, inventores, doctores, matemáticos…¿Cuántas personas así se perdieron por el látigo, por la horca, por los golpes hasta la muerte, por no dejarles desarrollarse de manera libre y respetuosa?  Decía Aimé Césaire: “Mi negritud no es una piedra. Su sordera se precipita contra el clamor del día. Mi negritud no es una nube de agua muerta sobre el ojo muerto de la tierra…Se sumerge en la carne roja del suelo. Se sumerge en la carne ardiente del cielo. ¡Eia por aquellos que nunca han inventado nada!…”

Ver la película de Tarantino te hace pensar, reflexionas sobre la maldad y la estupidez de la humanidad, soberbiamente representada en la maravillosa escena de un incipiente Ku, Klux Klan, tan penoso y ridículo que obliga a reírte hasta casi mearte. Porque necesitas reírte, ¡¡Ostia!! Porque todo lo demás es tan crudo y cercano, tan lleno de verdad y, a la vez tan ajeno a nosotros que, si Tarantino no hubiera introducido la risa, el humor, la ironía, no podrías levantarte de la butaca del cine sin odiar, sin desear pegar, hasta que te duelan las manos y los pies, a todos esos hijoputas que fueron, y son capaces de actuar y vivir de modo semejante. Y  a todos esos sepulcros blanqueados que justifican y alaban y no ven con mala ostia a los hijoputas.

Gran película. Para volver a verla y quedarse con los detalles, recrearse en imágenes preciosas y paisajes naturales bellísimos que hacen más terrible la puta dicotomía con ese horror constante, esa laceración del alma que te acompaña después de salir de la sala, cuando se encienden las luces y tu alma se ha apagado un poco.


4 comentarios:

Carolynn Underground dijo...

Reconozco que no fuí muy convencida ...supongo que las dotes persuatorias de T.H me animaron...en el primer nanosegundo la intuición te dice que no vas a pestañear mucho, a los cinco minutos dejas de comer la bolsa de chuches porque no quieres dejar de tener todos tus sentidos en la peli...llevo una imagen y el desgarrador sonido en mí desde que la ví, hace pensar en que bajo puede caer el ser humano, y sippp...tiene un humor lleno de ironia en muchas ocasiones de la ostia...así que...gracias T.H por "persuadirme" . Besossss

Addison de Witt dijo...

La fui a ver el domingo, y asi como te digo que Loncoln casi me mata de aburrimiento con Django aluciné, ademas de todo el tema racial que trae a colación, de los momentos heriáticos que tiene y los diálogos hilarantes, me pareció genial en cuanto a dirección e interpretación, intensidad y ritmo...peliculón!!!

Mr. Sabbath dijo...

Me encanta como Tarantino recupera generos antiguos con total respeto, pero aportando su "sonido". Al igual que muchas bandas de rock actuales que se fijan en los 60's o 70's y facturan grandes obras.
Maravilloso texto compañero!!!!

Saludos!!!!

TwoHeadsOneBrain dijo...

¡¡¡Joder amigos....Gracias por vuestros comentarios. Reconozco un subidón emocional al comprobar que no soy yo el único que ve, ademas de mirar. Carolynn..esa escena de la que hablas, aún permanece aferrada en una esquina del ánimo de manera cruel..tan cruel y terrible como le pareció al Dr. Schultz..Te entiendo y un diez a Tarantino por ejecutarla de esa manera tan soberbia.
Addi...Pero hooombreee...¿Como vas a ver Lincoln..pardillo(Jie, Jie)? La verdad es que pàra hablar de temas parecidos, son las peliculas son las antipodas la una de la otra.
Mr. Sabbath,Last but not least..Agradezco muchisimo tu reconocimiento al post y alabo tu buen gusto..el que te haya gustado la peli...Y que coño, tambien el post. Yo me he reconciliado con Tarantino despues del fiasco de Death Proof. Lo que más me gusta del tio es que su capacidad de emocionarse y emocionar al publico con su obra sigue intacta..Y que dure.
Un abrazo a todos y gracias por estar ahi...