lunes, 20 de diciembre de 2010

Richie Havens "Going back to My Roots"


Pasas años de tu vida y terminas constatando que te quedan más recuerdos en tu mochila que sueños o deseos no cumplidos, tal vez porque no has llegado a ellos, o porque si lo has hecho y han terminado por decepcionarte.
Si, a veces la memoria pesa, pero otras, es un dulce bálsamo que te marca una sonrisa en la cara y endulza momentos anodinos o miserables.
Buceando en ese desván del recuerdo, que es puro cambalache, encuentras una canción que, de manera persistente, vuelve, pasados los años, como muchas otras y que suponen, para uno, ese algo que te hace ser tú. No estoy hablando de discos, músicos o momentos asociados a tal o cual escucha o momento. Sino a esa ocasión mágica en que LA CANCIÓN se apodera de tu emoción, atrapa tus sentidos y se encaja en tu ADN para acompañarte hasta el final de ti como tú.
El chaval que era yo en aquel momento en cuestión, estaba, como todo crío mareado por las hormonas, desafiando al mundo y demostrando que era el tipo más duro del barrio. Los parches de Saxon y Motorhead se disputaban espacio con los de AC DC y Kiss. Todo tenia que ser duro, rápido, contundente y voraz. En la radio, en serio, se escuchaba a U.F.O. a Journey, a Billy Joel, a Pink Floyd y muchos etcéteras más.
Un día ese chaval tan duro y combativo escucha en la radio una canción que, a priori, se encuentra en las antípodas de su mirada musical. El tema en cuestión comienza con piano, de un ritmo contundente, arácnido y sólido. Un piano que hipnotiza y te arrastra hacia la canción. A ese piano se le va uniendo el chaston, la caja, el bajo una guitarra con ese maravilloso sonido tan Isaac Hayes, los coros femeninos que, como en un sueño, te lanzan al redoble que, tras un minuto veintinueve segundos, dan paso a la rotunda voz de Richie Havens el cual conduce la canción hacia ese sonido firme y sólido que hizo vibrar a un criajo que, en su corta existencia hubiera imaginado que una canción podía sonar como esa, sin guitarras aceleradas, punteos llameantes, baterías como apisonadoras y estética dura y desafiante.
“Going Back To My Roots” habla de la conciencia de un hombre negro de su pasado y de lo que significa ser negro en un mundo que, veinte años antes, segregaba a los de su raza y los marcaba como ciudadanos de segunda. La canción estaba incluida, como sexto tema, de un disco del año 1980 titulado Connections en el cual, el cantante interpretaba temas tan dispares y variopintos como el “You Send me” del gran Sam Cooke. “We Got tonight” y “The Fire Down Belong” del fantástico Bob Seger o una animada versión del “Ol´55” de Tom Waits, perteneciente al primer disco del etílico cantautor. Havens era ese tipo de cantante que, igual que Rod Stewart, Tom Jones y muchos más, interpreta temas de otros autores y logra hacerlos suyos imprimiéndole ese alma, ese sudor.
En aquel momento no tuve conciencia. Ahora, pasados los años, sé que mis orejas iban a llegar a todo tipo de estilos y personas, ritmos y maneras de vivir, por la geografía interminable de este planeta llamado Música.
Richie Havens, Going Back To My Roots. Pura vida.


viernes, 17 de diciembre de 2010

J.Roddy Waltson "Sonrisas como teclas de piano"


La ley es justa. Los políticos son gente honrada. Los banqueros, personas altruistas…y el Rock N Roll está muerto…
Mentiras aparte, si hay algo que es cierto, es la buena salud de la música si está en manos de gente creativa y apasionada como J.Roddy Waltson y su banda: The Business.
El chaval en cuestión es de la ciudad de Tennessee, pero la banda y el negocio musical que les compete, se mueve entre Baltimore (Ciudad de The Wire, la serie) y Richmond.
¿Qué magia posee la banda que los haga, al menos para mí, tan llamativos? Descaro, damas y caballeros, monstruos y monstruas. Descaro y talento apasionado hacia un negocio donde prolifera hasta el hartazgo la pose, la hipocresía o la mentira descarada.
Waltson y sus Business son la enésima banda que no inventan nada nuevo pero, le echan un par a lo que hacen. Desarrollando un Rock n Roll heredero de sonidos alocados y glamorosos, de los setenta. Pero de esa vertiente del Glam Rock que no practicaban bandas como Mott The Hoople, The Sweet o David Bowie, sino ese sonido gamberro de los Slade o la frescura y desfachatez de Marc Bolan Y los T Rex. Óyete “Don´t Break the Needle” y me cuentas si no oyes ese fru-fru del crujir de seda de los fulares del genial Bolan entre las guitarras, baterías, bajos y un piano alocado.
Y es que ese piano, amigos y amigas, parece tocado por un Elton John que hubiese pasado seis años con Iggy Pop y los Stooges en las gloriosas épocas del Fun House o como si el amigo Waltson hubiera estado encadenado seis años a una butaca mirando una televisión donde se emitiesen todos los conciertos de Jerry Lee Lewis o Little Richard. Y las guitarras suenan con una urgencia y un desespero en los punteos que parece como si fuera a ser la última vez que va a tocar en su vida. Sin embargo, en temas como “Pigs And Pearls” o “Brave Man´s Dead”, se viste de Blues rural y cuida los detalles y el mimo en las estrofas y el estribillo.
Sonidos Honky Tonk, Rockanroles de bastarda ascendencia Glam, pasión, entrega y gracias a San little Richard, ganas de reír y hacer, al menos, sonreír a todos aquellos que tengan el buen gusto de pararse a escuchar este álbum de esta banda de cariñosos gárrulos que han visto ese “Bright Side Of life”, que cantaban con despreocupado arrojo los Monty Python en La Vida De Brian.
Esperemos, pues, el fin de los tiempos, o al menos, el fin de este año con un manojo de grandiosas canciones y una sonrisa en la boca como teclas de piano.

J Roddy Waltson & The Business - Don't Get Old




jueves, 16 de diciembre de 2010

Nick Hornby "Juliet, desnuda"


De Nick Hornby dice su biografia que nació en Maidenhead en 1957 que se licenció en Cambridge y que ha ejercido de profesor y periodista. Él dice de sí mismo, al escribir, que ama la música, llamada popular de igual manera que, seguramente, tú y y yo. En sus textos se traduce una pasión por las canciones que tú, como lector, haces tuya.
Horby es, tambien como muchos de nosotros, una persona frustrada. Su deseo, igual que el de muchos de nosotros, hubiera sido el de ser músico y compositor de grandes temas que pudieran hacer vibrar el cuerpo y el alma del que los escuchase. Pero, como él mismo describe acertadamente en su libro 31 Canciones, es un inepto en lo tocante a la técnica y las composiciones. Otra cosa serian las letras. No en vano, el escritor se encontró con, su hasta hoy oficio, tras escuchar la canción “Thunder Road”, incluida en el álbum de Bruce Springsteen & The E Street band: Born To Run, publicado en 1975. El autor expresaba su amor por esta canción y esa magia que algunas canciones expresan. La canción supuso una suerte de epifania para el escritor que le lanzó al mundo de los contadores de historias.
El amor que siente Hornby por la música queda patente en obras como “Alta Fidelidad” o “31 Canciones” y, tambien con una intensidad, no exenta de ironia y tristeza por todos aquellos que, afrontémoslo, fanatizamos canciones y autores, en este nuevo y magnifico libro del de Maidenhead titulado: “Juliet, Desnuda”.
La obra gira en torno a la enfermiza obsesión de un profesor anodino, que vive en una pequeña ciudad costera del norte de Inglaterra, más anodina todavia, una vida rotundamente anodina. Si no fuera por la pasión (enfermiza) y fanatismo que siente por un oscuro músico de finales de los setenta y primeros ochenta llamado Tucker Crowe. A dicha pasión idólatra se le añade una arrebatadora fijación por el último disco de crowe: “Juliet”, disco tras el cual el músico desapareció de la faz de la tierra. Tras un hecho tan trivial y ridículo como ir al urinario de un garito de conciertos al que Tucker asistia viendo a una banda local, el músico suspende la gira, por extensión toda aparición pública, deja de grabar discos y corta toda conexión con el mundo.
Sus seguidores, los croweólogos, gente enfermiza con mucho tiempo libre y poca o nula vida social, recopilan cada noticia, cada hecho, cada rumor o chisme, cada grabación pirata(¿os suena de alguien que, tal vez conozcais?) del autor. Llevan décadas tratando de desentrañar el misterio de la desaparición de Tucker Crowe y dejan de vivir una vida imaginando la vida que ha podido llevar el músico.
Duncan y su novia Annie, protagonistas de la novela, se afanan, sobre todo Duncan, en desvelar el secreto. Aunque Annie vaya a tirón de su novio, orbitando alrededor de la obsesión de Duncan y viendo como poco a poco el hartazgo de la vida en común, sin más aliciente que el enésimo chisme del puto cantautor va minando su relación y alejándola de su novio.
Y es que “Juliet” es en primer término un disco que habla de una relación frustrada. La del músico con una mujer casada. Como la relación se rompe y Crowe compone diez temas de amor, desamor, frustración e ira. Como en un espejo, el disco refleja los sentimientos de los personajes de la obra que versa sobre las incómodas relaciones afectivas una vez que la química efervescente de las primeras semanas o meses deja de ser efectiva y ese espejo que es tu pareja, refleja tu verdadero rostro y todo aquello que nunca has querido ver en ti y en el “amor de tu vida”.
Todo en la novela está escrito con cariño, elegancia y pasión. El desarrollo que Hornby hace de la ficticia obra de Tucker Crowe, wikipedia incluida. Hace que desees escuchar temas que sólo existen en la mente de Hornby, y en la tuya tras leerlo. “And You Are?”o “You And You Perfect Life”…¿Cómo sonaran?

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Lapido "Disparando canciones desde las Catedráles de lo imposible"


El nuevo álbum de Lapido es una exquisita pieza más que ensamblar a esa estructura, mitad telescopio, mitad microscopio en el cual se afana el autor granadino disco tras disco afinando con una mirada única su particular visión del mundo.
En trece canciones, Lapido se sumerge en ese mundo onírico y lleno de imágenes plenas de poesía, emoción e ironía que siempre ha impregnado cada canción de cada disco suyo.
No hay sorpresas, en la obra, como no hay sorpresas en cada obra de cualquier autor que se precie, habida cuenta de que su carácter queda impreso en cada gesto creativo. Si que ha resultado llamativo la inclusión en el disco de músicos invitados de renombre, hecho este que no se había dado en ningún álbum anterior. Así vemos como Amaral presta voces en “Doble Salto mortal”, Quique Gonzalez hace lo propio en “En medio de ningún Lado” y el paisano más famoso de Lapido, Miguel Ríos, se marca una fantástica colaboración en la canción “La Hora De Los Lamentos”, siendo ésta, a mi juicio, una intervención sobresaliente del veterano cantante.
Hay que asumir desde la primera nota de la primera canción que el mundo al que Lapido te invita a entrar es un lugar que está alejado, en lo literario, de cualquier autor de este país ya que la manera que tiene el músico de tratar la realidad es, para mí al menos, absolutamente única. Ni siquiera gente como Quique Gonzalez, Pablo Moro o Dani Flaco, buenos autores de canciones y letras, poseen la inmensidad anímica, la calidad y la calidez literaria del granadino y retratan un mundo lleno de imágenes que cabalgan entre metáforas, descripciones y figuras literarias de un nivel como no se ha leído y escuchado en este país.
De todos modos, la manera que tiene Lapido de contar las cosas, ese mundo propio y original no le excluye de señalar esa manera tan triste y mísera que tiene este mundo de tambalearse y tropezar y, a su vez, de señalarnos a nosotros, el triste camino hacia un futuro lleno de aflicción y mansedumbre. Basta escuchar la fantástica canción titulada “Algo Falla” para que uno tenga que reconocer que el ex -091 lo ha clavado.
En lo musical Lapido mantiene esa estructura tan propia que ha ido creciendo canción a canción en cada disco suyo. Temas de medio tiempo, “Sueños Que Dejamos Ir”, o “Cansado”. Canciones lentas y llenas de poesía y pesar, como “Paredes Invisible”, “Doble Salto Mortal” o rockanroles tan acojonantes como “Vuelta A empezar”, “Algo Falla” y “Lo Creas o No”. Sonidos que recogen ecos de los Beatles y Small Faces, al menos a mi me lo parecen con esos magníficos pianos eléctricos y esos coros tan Liverpool.
El músico continua esa evolución tan única, tan propia y tan alejada de ese carril único por el cual, parecen empeñados en ir, la mayoría de los autores de la península.
No queda mucho más que añadir, las canciones hablan, muchísimo mejor que yo, de todo lo que el granadino es capaz de transmitir, crear y hacer sentir a todos aquellos y aquellas que se tomen un momento de su vida para pararse a escuchar y a sentir.
Pura poesía.

Lapido - El más allá

Lapido - Algo Falla

Lapido - Lo Creas o No

lunes, 13 de diciembre de 2010

Stacie Collins "Amigos, cervezas y rock and roll"


Por fin tenemos ya en nuestras manos el tan ansiado y esperado, al menos por un servidor, tercer disco de la estadounidense Stacie Collins titulado “Sometimes Ya Gotta”.
Dan Baird, uno de nuestros rockeros favoritos, tal como ya hiciera con su segundo y magnifico “The Lucky Spot”, se vuelve a ocupar de la producción del álbum, amen de meter guitarras coros y otros menesteres.
Otro que también colabora en todo el disco aportando su bien hacer en las seis cuerdas, es el gran Warner E. Hodges, fantástico guitarrista de Jason & The Scorches, con los que, nuestra querida Stacie ha estado girando últimamente en un doble cartel el cual no estaría demás que algún avispado promotor nos los acercara por estas tierras.
Incluyamos también la guitarra de Eric ‘EBO’ Borash de los (Radney Foster), la sección rítmica, a cargo del batería Jimmy Lester de (Los Straightjackets / Webb Wilder) junto con el bajista Al Collins también de los Jason and The Scorchers y como no, por supuesto, la imprescindible voz y harmónica de la maravillosa Stacie, y ya tenemos los créditos de esta su nueva grabación.
En cuanto al disco en si, para los que ya conozcáis un poco sus anteriores obras, es mas de lo mismo si, pero hay que joderse lo bien que lo hace esta chica. Aunque claro, después de varias escuchas se podía incluso decir, así lo afirma un colega mió, que se asemeja un tanto a los Homemade Sin o a los Jayhoos del propio Dan Baird, pero con voz femenina al frente. La verdad es que se nota bastante la mano del ex - Georgia Satellites, incluso mas me antevería a decir, que en su anterior y fantástico “The Lucky Spot”.
En mi humilde opinión, de lo único que creo yo que adolece este álbum, es de un single tan demoledor como lo fue “I Ain’t Love”, con el cual nuestra querida Stacie hizo bastante ruido tanto por Europa (gira incluida), como por al otro lado del charco.
En resumidas cuentas, un buen álbum este “Sometimos Ya Gotta”, muy disfrutable, puede que un poco inferior a su predecesor, pero un buen álbum al fin y al cabo, vamos, ideal para escuchar y pasar una bonita tertulia de amigos, cervezas y rock and roll

Stacie Collins - Hey Mister

Stacie Collins - I Won't Do Ya Like That