
Verano de 1982. Plaza de Toros de Pamplona. El ambiente es el de las grandes ocasiones, cada vez hay más ansiedad entre el público, y cuando se apagan las luces se desata la locura. “Buenas noches, bienvenidos, hijos del rock and roll……” Joder, suena igual que ese doble LP que acaba de salir al mercado y ya hemos devorado a pesar de haberlo comprado hace tan solo unos días, cuyas canciones ya nos sabemos de memoria con apenas dos semanas de escucha. Y cierras los ojos y parece lo que estés escuchando en tu habitación, en vez de en un recinto junto a otras 15.000 personas. De lo bien que suena.
Que recuerdos… Parece mentira, pero me acuerdo más de detalles de aquellos conciertos a los que asistí cuando era chaval, que de aquellos otros cuando, ya mayorcito, y con unas cervezas en el cuerpo, acababas de juerga con los amigos y no hacías el mismo caso que antes a lo que ocurría en el escenario. Y como hacía bastante tiempo que no escuchaba el Rock & Ríos, el otro día me lo puse en casa y aluciné. Y como todavía no estaba satisfecho (hey, como los Stones), me llevé el cd al coche, y volví a alucinar. ¿Acaso hay mejor canción para abrir un show que “Bienvenidos”? ¿No son “Rock & Roll Bumerang”, “El Blues Del Autobús”, “Nueva Ola”, “Un Caballo Llamado Muerte”, “Los Viejos Rockeros Nunca Mueren”, o “Reina De La Noche” clásicos del rock español? ¿Hay mejor versión del “Himno De La Alegría” que la contenida en éste álbum? (con guiño incluído al “Difficult To Cure de Rainbow). Ví con otros ojos “Al Andalus”, una canción a la que no le pillé el truco en su momento, y que es increíble. Además, el tío es un visionario, escuchad la letra de “Año 2000” y decidme si no ha dado en el clavo y si no está de vigente actualidad. Y para terminar, decidme si hay algo mejor y más cañero para terminar un concierto que el medley final homenaje al rock español.

Aquella gira marcó un antes y un después en cuanto a organización e infraestructuras en las giras dentro del rock español. Miguel Ríos ya había sentado cátedra grabando el primer disco en directo de la historia del rock español, aquel “Conciertos De Rock Y Amor” que había salido diez años antes. Fue el primero en estructurar las fechas como una gira propiamente dicha, ya que lo habitual era dar conciertos sueltos aquí y allá, al azar, sin ningún tipo de orden ni organización. Fue el pionero en éste país en contar con el patrocinio de marcas para costear las giras, y gracias a ello fue el primero en dar algo más que música a la audiencia, darles un show, algo capaz de competir con los artistas extranjeros que se acercaban por aquí, y además tocaba en los recintos correctos para costear todo aquello. Tuvo claro desde el principio que para salir de gira debía tener el equipo de sonido, luces, y banda adecuados, para ello alquilaba equipos enteros de sonorización a las grandes bandas inglesas (el “Conciertos De Rock Y Amor” contó con parte del equipo de sonido de Pink Floyd que alquilaron para la ocasión, ahí es nada). Un fenomenal trabajo de organización del que el resto de bandas tomaron buena nota y que marcó la mayoría de edad del rock español en su versión en directo.
Parece increíble que éste proyecto pudiera llevarse a cabo. Ocurrió en el vetusto Pabellón del R. Madrid, en 1982. En un principio se iba a grabar los días 5 y 6 de marzo, pero el camión-estudio estuvo retenido en la frontera y llegó el 5 por la tarde, así que ese día no se pudo grabar gran cosa. Entonces decidieron jugárselo todo a una carta, la del día 6, que fue la actuación que salió editada en el disco. Además, el doble directo se diseñó “al revés” de lo que es habitual. En vez de grabar un disco al final o durante una gira, lo que hicieron fue ensayar, grabar el concierto, y luego salir de gira. Y aún así, sin la conjunción propia que da el estar en la carretera, lo bordaron. No fue casual que el lema de Miguel Ríos para el disco fuese aquella famosa frase: “lo hicieron porque no sabían que era imposible”. Aunque, claro está, con los músicos que le acompañaron en la aventura, lo imposible es hacerlo mal. Dos baterías, cuatro guitarras, John Parsons, Antonio García (el que aparece en la portada tras Miguel), Salvador Domínguez, Thijs Van Leer de Focus a los teclados……

Con éste disco Miguel Ríos alcanzó la cima, fue el cénit de su carrera. Y como no puede ser de otra manera, cuando has subido a lo alto de la montaña, lo único que te queda es la bajada. Algunos se despeñan, otros la bajan despacito y sin prisas. Al año siguiente publica “El Rock De Una Noche De Verano” y su correspondiente gira junto a Luz Casal y Leño, y volvimos a la Plaza de Toros de Pamplona a disfrutar del momento. Pero ya no era lo mismo. Resultaba curioso ver a la gente marchándose después del concierto de Leño, hasta quedar el aforo reducido a la mitad, aunque parece ser que el global de la gira fue un éxito. Y un año más tarde decidió lanzarse al ruedo (y nunca mejor dicho), con aquella desastrosa gira por plazas de toros llamada “Rock En El Ruedo”, un fracaso tanto financiero como de público, con un radical cambio de imagen y de sonido, más parecido al de gente como Mecano que a lo que se le supone a un rockero. Y pasaron los años, y tras algunos aciertos y varios traspiés, el viejo Miguel bajó por fin la montaña, y hace poco menos que un año anunció su retirada. “Lo hizo porque no sabía que era imposible
