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lunes, 4 de febrero de 2013

Discos Olvidados: MOTÖRHEAD “Another Perfect Day”


En este repaso a esos llamados “discos menores” que me ha dado por reivindicar éstos últimos días, hoy le toca el turno al disco de la discordia.  Al innombrable.  Al bastardo que, a ojos de los metaleros más duros, convirtió de la noche a la mañana a una bestia sucia y grasienta de poderoso rock and roll como Motörhead, en una bestia de poderoso rock and roll, a secas.  La grasa y la suciedad quedó momentáneamente en un segundo plano por obra y gracia de un pequeño pelirrojo de terrible carácter llamado Brian Robertson, que acababa de aterrizar en el universo Motörhead procedente de Thin Lizzy, con quienes había acabado como el rosario de la aurora.  Igual que los propios Motörhead lo habían hecho con el inimitable Fast Eddie Clarke.

Como por arte de magia las canciones sonaban más “limpias”, los solos de guitarra eran más numerosos, largos y melódicos, lo cual acarreó no pocas quejas entre los incondicionales de la banda.  Recuerdo que la controversia fue enorme en aquella época.  Pero seamos serios, aún con “Mr. Fairy” Robertson en sus filas, Motörhead sonaban mucho más sucios, amenazantes, y ruidosos que cualquiera de las bandas rivales. Probad a escuchar de una tacada ese demoledor inicio que forman “Back At The Funny Farm” y “Shine”, y atreveos a afirmar sin que os tomen por locos que eso que suena no es Motörhead.  O cañonazos como “Marching Off To War”, “Tales Of Glory”, o “Die You Bastard”.  Y si prefieres la típica cancion de Lemmy lenta y arrastrada en plan “Metrópolis”, ahí tienes “One Track Mind”.  Entonces, ¿a que venía tanto jaleo?.  Pues la verdad es que no lo sé, quizás varias eran las razones:  la imagen de Brian Robertson y el hecho de que venía de Thin Lizzy, el “cambio” de sonido, o tal vez la inclusión de tres canciones un tanto atípicas, y que curiosamente son de las mejores del disco:  “Dancing On Your Grave”, “Another Pefect Day”, y “I Got Mine”, en las que el nítido sonido de Robertson, unido al zumbante bajo de Lemmy y al bombardeo constante de Phil Taylor, crea algo distinto difícil de explicar.

Las “hazañas” de Brian Robertson fueron tan numerosas en ese escaso año que acabaron con la paciencia de Lemmy, y al final le dio la patada.  Es que era lo lógico.  Lo que me extraña es que aguantaran juntos durante todo un año.  La personalidad de Robertson es como la de Axl Rose pero multiplicada por diez.  Se negaba a tocar canciones antiguas.  ¿Alguien se puede imaginar un show de Motörhead sin “Ace Of Spades”, “Overkill” o “Bomber”?  Pues ocurrió.  ¿Que alguien le miraba mal?  Pues le partía la cara.  ¿Que un tipo le molestaba en pleno show?  Naaahhh… ningún problema, tan solo dejaba de tocar y saltaba al público para darle de hostias al infractor. ¿Que los heavys iban con melena, chupa, cuero y tachuelas?  Pues él se ponía una cintita en la cabeza, llevaba el corte de pelo más terrible de los 80, calentadores de gimnasio en los tobillos, y vestía americana (yo creo que solo por provocar), con lo que los gritos de “maricón, maricón…” en directo eran constantes, y entonces dejaba la guitarra y volvía a saltar (que fue lo que ocurrió en la gira española, además de en otros muchos conciertos, of course).  Era como un círculo vicioso.  Lo cojonudo de todo ello es que el pequeño pelirrojo abulta casi lo mismo que Angus Young, con lo cual deduzco que es cierto eso de que los pequeñitos cuando se cabrean son los peores……

El caso es que esa banda nos dejó un gran disco, incomprendido aún hoy en día (aunque ultimamente descubro que cada vez tiene mayor reconocimiento, o quizás sea que antes quedaba mal decir que te gustaba el disco).  Pues nada, voy a volver a pinchar “Shine”, en mi opinión una de las mejores canciones de Motörhead.  Salud.


lunes, 28 de enero de 2013

Guns & Roses: Live At The Ritz 88

Muchos acontecimientos musicales, momentos memorables de la historia del Rock, nos llevan a tal estado de excitación que se nos quedan en la retina, que son inseparables a la leyenda, que regresan a nuestra mente una y otra vez cada vez que una simple conversación de bar entre amigos o el azar en forma de sintonía radiofónica nos lo recuerda.  Dicho momento puede ser una simple canción, un disco concreto, una fotografía, o un concierto memorable.  En esta última vertiente, el mito del directo, la historia del Rock está llena de momentos mágicos: Led Zeppelin en Knewborth o Earls Court, The Who en Leeds, The Beatles en el Hollywood Bowl, en la azotea de Apple Records, o en su famosa gira española (yo vine a este mundo mientras ellos estaban tocando en Barcelona, el mismo día), los Stones en Hyde Park o en el Vicente Calderón un 7 de julio bajo un tremendo aguacero, Pink Floyd y sus fechas en la gira de “The Wall” o “Dark Side Of The Moon”, Kiss y su espectacular gira del “Alive II”, Queen en Wembley, el multitudinario US Festival, Ramones en el CBGB, Donington, Woodstock, Sex Pistols y su última actuación en San Francisco, Bob Dylan y su famoso primer concierto electrificado…… y por supuesto la actuación de Guns & Roses en el Ritz neoyorkino.


Lo mas curioso de todos estos momentos tan especiales es que la cantidad de material fotográfico que de ellos ha quedado constancia, es de tal magnitud que incluso las fotografías de estos eventos son en sí mismos momentos mágicos.  No hay biografía ni libro que no contengan fotos de dicho momentos, momentos mágicos inmortalizados en un simple click.  Y este concierto de Guns & Roses no iba a ser menos: las fotos de Axl con su pañuelo azul-plateado en la cabeza, la chupa de piel de serpiente, esas gafas negras, y la camisa sin mangas.  Izzy con su chaleco y su look de gitano trashumante.  Duff forrado de cuero de arriba a abajo aporreando el bajo.  Y Slash y Steven disfrutando de lo que ocurría, a su pedo, como dos críos en una tienda de gominolas….. lo dicho, instantáneas que te puedes encontrar en calendarios, revistas, bares, o blogs de cualquier tipo, como en este caso.  Quizás, visualmente, el único show de la historia de los Gunners que puede competir con este que nos ocupa, sea el tristemente célebre de Donington 88 en el que murieron dos chavales durante su actuación.  Aquella tarde decidieron salir enfundados en cuero negro, mal presagio, y claro, los fotógrafos hicieron su agosto…... en agosto.


Lo que los cinco Gunners nos ofrecieron la noche del 2 de febrero de 1988 en el Ritz es un ejemplo del día a día (noche a noche sería lo mas apropiado) de una banda en su máximo momento de forma, cabreo, chulería, arrogancia, provocación y excitación, sabiéndose imbatibles en escena y simplemente esperando el momento de arrasar con todo y con todos en un mundillo musical en el que habían irrumpido a puñetazo limpio, una banda dándolo todo en su hábitat natural, cuando el hambre y las ganas de comerse el mundo era su máxima prioridad.  En esta actuación queda patente lo que cinco chavales malhumorados, malhablados, y cabreados, pueden conseguir si se tienen las ideas claras y la integridad intacta.  Nadie puede cantar con tan mala leche, nadie puede tocar la guitarra con esa energía, nadie es capaz de aporrear el bajo con esa contundencia y a la vez clase y estilo, y sobretodo nadie puede tocar esa batería saltarina y rítmica que ningún otro miembro posterior de Guns ha podido igualar.  Steven es como ese boxeador que baila con alegría sobre el ring dando puñetazos precisos, concisos y directos, en comparación a ese otro boxeador tosco y vulgar, fajador, pero a la vez pegador nato llamado Matt Sorum.  En mi opinión no hay color, y los Gunners empezaron su descenso a los infiernos en el preciso momento en el que obligaron a Steven a dejarlo. Manda cojones que unos yonkis echaran a otro yonki precisamente por eso, por ser yonki.  Incluso Slash reconoce en su libro lo surrealista de la situación, aunque bien es cierto que por entonces Steven no estaba en sus cabales, tanto física como mentalmente.  Aún en esta tesitura dieron bastante de sí en los años venideros, pero el posterior abandono de Izzy, consumido por la heroína y por el ego de Axl fue el final de la banda tal y como la conocíamos.

Y es que aquí no hay sitio para los pantalones de ciclista, para las modelos tocando la trompeta, para los pianos de cola, para Dizzy Reed.  Esto es otra cosa.  Esto va en serio.  La actuación del Ritz fue filmada para la MTV, y emitida por la cadena seguramente sin saber lo que se les venía encima.  La furia de Axl, los pitidos televisivos escondiendo aquellos arranques de ira en forma de “fuck you”, “motherfuckers” y demás, en especial en “It’s So Easy” (It’s so easy, so fuckin’ easy, it’s so easy, so fuckin’ easy!!!....).  “Nightrain” en la versión más salvaje que un servidor ha escuchado jamás.  “Welcome To The Jungle” y ese inicio que me sigue poniendo los pelos como escarpias.  “Knockin’ On Heaven’s Door” y la audiencia haciendo coros, la proclama de Axl antes de arrancar con “Out ta Get Me”.  La versión definitiva de “Sweet Chile o’ Mine”, y sobretodo el dúo final:  la caótica y salvaje “Paradise City”, con Axl lanzándose al público y Slash tirado por el suelo punteando como un salvaje, y esa oda al ritmo titulada “Rocket Queen”, con Duff echando humo de los dedos, y espantada de Axl incluída (curioso el momento de Slash encogiéndose de hombros buscando al impredecible cantante mientras sigue tocando).  Sin duda uno de los mejores conciertos de la historia del Rock, de cualquier estilo de la maravillosa música a la que llamamos Rock And Roll.  Si todavía no has visto esto, no tienes perdón de dios.  El “granulado” de la imagen típico de la televisión 80’s le da si cabe un aura aún más sucia a la actuación.  Y es así, tal cual, como ha salido al mercado.  Sin editar, la emisión televisiva con sus pitidos y todo, sucio crudo y directo.  Yo lo he comprado en unos conocidos grandes almacenes y por fin lo tengo con una caja y una portada en condiciones.  Por fin podré conceder la merecida jubilación a mi vieja y querida cinta VHS.  Haceros un favor y echadle una ojeada.  Ya me contaréis.


lunes, 17 de diciembre de 2012

THIN LIZZY: Black Rose (A Rock Legend)


Hay discos que por una u otra razón te marcan, pasan a esa categoría de “favoritos”.  A este album le tengo un cariño especial, ya que este disco fue mi primera adquisición dentro de la discografía de Thin Lizzy.  Antes de eso los amigos me habían grabado varios en cassette, pero fue en Black Rose en quien me gasté mis primeras pesetas para la causa irlandesa.  Fue en una de las visitas a mis familiares de Barcelona, y había ahorrado dinero suficiente para gastármelo en un par de discos.  Yo tenía 14 o 15 años, y saliendo a dar una vuelta por Barcelona con la familia, vi una tienda de discos, me apunté la parada de metro más cercana, y al día siguiente bajo la excusa de bajar un rato a la calle me monté en el metro, me recorrí media Barcelona bajo tierra, y localicé la tienda.  Allí me hice con el Alive II de Kiss de importación, y el Black Rose en formato cassette (me había gastado casi toda la pasta en el de Kiss).  Así que su adquisición la recuerdo como una bonita aventura subterranea.  Ja, ja, ja,… nunca supieron donde me metí aquella mañana.  Todavía conservo la cinta y aún suena bien!!!.  Además es el disco con el que descubrí al gran Gary Moore, (aunque yo personalmente prefiera al binomio Robertson/Gorham).  Es el disco que da nombre a un local rockero que hay aquí cerca en el que se ofrecen conciertos en directo y buena cerveza.  Que cojones, es el disco cuya portada está tatuada en el brazo de Axl….  ¿que más se puede decir?

Pues eso, la gran novedad en Lizzy fue el regreso de Gary Moore (otra vez) al seno de la banda tras la marcha del problemático Brian Robertson, un poco “espeso” en aquella época (por decirlo de una manera suave).  No tardaría mucho en dejarlo de nuevo, ya que Gary siempre fue un culo de mal asiento, y nunca fue un músico “oficial” sino que más bien era la relación de amor/odio con Phil Lynott la que le atraía a colaborar con él cada vez que hiciese falta.  Y de dicha colaboración nació uno de los discos mas impresionantes de los setenta.  Nuevos clásicos que añadir a los que la banda ya atesoraba.  El comienzo con “Do Anything You Want To” es de escándalo, una de las mejores canciones de Thin Lizzy y una de sus Top 5 sin discusión.  El riff principal es ejecutado por Moore y Gorham al unísono.  Twin guitars en un riff principal!!!  ¿Donde se había visto eso antes?  Solo gente como Whisbone Ash se atrevía con algo parecido.  Una melodía, estribillo, y ritmo perfectos.  Una jodida maravilla de canción.  Punto.  Pero es que con “Waiting For An Alibi” lo vuelven a clavar.  Podría decir lo mismo que antes, pero aquí, además, el bajo es igual de protagonista, ofreciendo unos punteos alucinantes.  Otro clásico.



Rock & Roll irlandes y fiesta:  si te mola eso, escucha y disfruta de las macarrilas “Get Out Of Here”, “Toughest Street In Town”, o “S&M”.  Incluso esa oda a la adicción cortesía de Lynott (o un grito de ayuda, quien sabe) como “Got To Give it Up” (tengo que dejarlo), tiene su cosilla.  Con la que nunca he podido es con la balada “Sarah” dedicada a su hija.  Es igual a lo que me pasa con “Beth” de Kiss.  ¿Soy el único en el planeta Tierra que piensa que “Beth” es un coñazo?.  Pues eso, pero es sólo mi opinión….  Y el final, como se esperaba, a lo grande:  “Roisin Dubh-Black Rose”, una batalla musical, siete minutos divididos en cuatro partes de música tradicional irlandesa tocada a todo riff, intercalando con punteos de infarto y con su punto de épica y folklore tocado por una banda de rock pura y dura.  Unos Pogues hardrockizados, si se me permite la broma.

Pues nada, no creo que este humilde comentario descubra nada nuevo, nada que no sepáis, porque seguro que la mayoría de vosotros conoceréis éste disco.  Y los que todavía no hayan caído en su hechizo…. pues que pongan remedio a eso de inmediato.  Bendita aventura subterránea por Barcelona…..





lunes, 10 de diciembre de 2012

Planet Of The Abts



Atención, pregunta:  Se abre el telón, y aparecen desperdigados por ahí los siguientes objetos:  varias trompetas, unos cuantos saxofones, un órgano Hammond, el Dark Side Of The Moon de Pink Floyd, el Electrid Ladyland de Jimi Hendrix, una guitarra eléctrica, un pedal de distorsión, un caleidoscopio, una batería, una pila de Marshalls, un tripi, un bajo atronador, unos pantalones de campana, el primer disco de Black Sabbath, un póster de Hawkwind……  Se cierra el telón.  ¿Cómo se llama la película?

Dificilillo, ¿eh?  Pues bien, ahí va la respuesta:  Planet Of The Abts, (gran título por cierto), una irónica parodia del nombre de la saga “Planet Of The Apes” (el Planeta De Los Simios en España), y se trata de la comida de coco psicodélicohardrockera más alucinante que he escuchado en mucho tiempo.  Capitaneada por Matt Abts, el simpático batería de Govt Mule, lo que aquí se escucha es una especie de medley  del panorama musical de los años 70, pero no limitado a una idea o un concepto de aquella época, no….  Lo que el Sr. Abts y sus colegas han hecho con éste disco es coger una cocktelera, introducir entera la década de los 70, mezclarla bien, y servirlo en ocho partes, ocho canciones que increíblemente, y teniendo en cuenta las influencias, tienen identidad propia, a pesar de que inevitablemente recuerden a tal o a cual banda (a veces incluso demasiado).


Para el que se acerque al disco por primera vez, escuchar el comienzo es un ejercicio de perplejidad.  Una lúgubre sección de viento irrumpe en los altavoces, y cuando el oyente todavía está en plan ”¿pero que demonios es esto?”, comienza un machacón ritmo que recuerda a los temas principales de películas como Misión Imposibe o James Bond, pero con el detalle de la sección de viento, que le da un nosequé difícil de explicar, pero que suena de miedo.  “Planet, Part.1” se titula la criatura, y el hecho de que abra el disco ya es una rareza en sí misma, porque no tiene mucho que ver con el resto.  

¿El resto?  Pues navega entre la psicodelia guitarrera de Jimi Hendrix (“Of The Hook”), los paisajes oníricos de Pink Floyd en “Dark Side of The Moon” (“Circus”, “Planet Pt. 2”), la contundencia de unos Black Sabbath (“Deep Into Self”), el blues rock potente de tipos como Pat Travers, Rick Derringer, o Pat Thrall (“Dressed Up Looking Fine”) o un ejercicio de Rock Progresivo como “Trying To Be Myself”, con el que termina más que dignamente la función.  Un montón de influencias que incluso pueden llegar a manifiestarse a la vez en una misma canción.  Especial mención al tono de la guitarra, menudo sonido se han sacado de la manga!!.  Lo dicho, la década de los 70’s enlatada en disco.

Un disco que no es ninguna novedad, tiene ya un año de vida, por lo que intuyo que Govt Mule, la banda madre, nos deleitará pronto con su nueva música.  Hasta entonces, no está de más amenizar la espera con discos como éste, o “Man In Motion”, el guapísimo disco que Warren Haynes sacó en solitario el año pasado.  Esperemos pues. 




lunes, 3 de diciembre de 2012

Discos Olvidados: JUDAS PRIEST "Point Of Entry"


Imaginemos un edificio de viviendas.  El edificio del Heavy Metal.  Unos jóvenes acaban de formar una banda a la que llaman Judas Priest y están impacientes en la planta baja dispuestos a comenzar su ascensión subiendo la escalera.  Y por fin comienzan a subir:  “Rocka-Rolla”, un escalón.  “Sad Wings Of Destiny”, otro escalón.  “Sin After Sin”, otro más, y así sucesivamente.  Con paso tranquilo pero firme, siempre hacia arriba, siempre en sentido ascendente.  Con “Unleashed In The East” pegan un salto y suben dos escalones, y con “British Steel” se impulsan tres escalones de un tirón.  Es entonces cuando sacan al mercado “Point Of Entry”….. y descubren que ya no hay mas escalones, que por primera vez han parado en su ascenso.  Se han detenido en el rellano del primer piso.  Allí se encuentran con gente como Accept o Iron Maiden que acaban de subir abriéndose paso a codazos, o Motley Crue que han llegado allí directamente a hostias.  Asimismo aparecen Scorpions, que con “Blackout” han dado un tremendo salto de seis o siete escalones e irrumpen en el rellano.  Es entonces cuando Judas Priest toman la decisión:  Ya no habrá mas escalones.  Con “Screaming For Vengeance”, “Defenders Of The Faith”, y “Turbo” se montan directamente en el ascensor.  Ahora subirán piso a piso en vez de escalón a escalón.  Total, que llega el ascensor, y allí que se montan todos.  Algunos como Accept bajarán en la segunda planta, a la vez que recogen a un confundido Ozzy Osbourne que andaba por allí tirado y lo suben al ascensor.  En la tercera planta se encuentran a un despistado Ritchie Blackmore que también se sube al carro.  En la cuarta planta esperan Kiss, que no hace tanto vivían, no ya en el último piso, sino en el ático, pero que habían ido bajando pisos a una velocidad preocupante (pocos años después tendrían un accidente y se caerían por la ventana).  Acaban de editar “Creatures Of The Night” y se suben de nuevo al ascensor, así como Black Sabbath, que con Ronnie James Dio al frente han puesto a la venta el tremendo “Mob Rules”.  Y así, piso a piso, va avanzando la historia del edificio del Heavy Metal.  Unos suben, otros bajan, pero Judas Priest logran mantenerse durante muchos años dentro del ascensor.  Al mismo tiempo, en la planta baja, esperan unos jovencitos con pinta de macarra llamados Guns & Roses que se niegan tajantemente a subir escalones y pulsan ansiosamente el botón del ascensor, mientras en la calle unos chavales desharrapados, que responden a nombres tan pintorescos como Nirvana, Alice In Chains, o Soudgarden, confabulan entre sí buscando el método más idóneo para echar abajo ese edificio que tanto les molesta.



Pero, ¿Cuál fue la razón por la que Judas Priest quedaran parados en ese rellano de la escalera?  ¿Qué habían hecho mal?  ¿Por qué “Point Of Entry” fue el único paso no ascendente haste ese momento?  Bueno, si tenemos en cuenta que está entre dos obras del calibre de “British Steel” y “Screaming For Vengeance” es normal que pase desapercibido.  No se si influirá, pero si tenemos en cuenta las horribles portadas que tuvo (una europea y otra estadounidense), pues quizás tampoco entro por la vista.  Si tenemos en cuenta asimismo que, por una vez, claudicaron a las presiones de la compañía discográfica que les pedía hits para el mercado americano, pues está todo dicho:  lo hicieron y les salió mal.  El propio Rob Halford lo ha dicho en varias entrevistas “recibimos presiones por parte de la compañía” (en este punto me gustaría saber que es lo que una compañía entiende como un hit, después de haber sacado en el anterior disco “Living After Midnight” y “Breaking The Law”.  Si eso no son hits, pues apaga y vámonos, quizás no sepan venderlos, que se yo…).  Aunque quizás la clave sea mucho mas sencilla:  en ese momento no había inspiración.  Punto.  No me explico que es lo que quisieron hacer, pero la verdad es que es el típico disco que sacas de la estantería, lo escuchas, lo devuelves a su sitio, y lo olvidas.


Luego te pones a pensar y te das cuenta de que tiene cuatro o cinco canciones de nivel, así que tan malo no puede ser.  “Heading Out To The Highway” que años después seguía aún en el set list en directo, “Desert Plains” que pese a lo que hayais leído por ahí…. no es una balada, joder!!! (que manía tienen todos los medios con calificar esta canción de balada), sino un grandioso medio tiempo bastante melódico, ese disparo metálico titulado “Hot Rockin’” que tanto le gusta al colega TwoHeads, la marchosa y rockera “On The Run” muy en la onda de discos como el “Killing Machine”, y “Solar Angels”, mi favorita, con ese deje heavy machacón del “British Steel”, de hecho tiene un cierto parecido con “Metal Gods”.  ¿El resto?  Bufff… entre lo anodino y lo horroroso:  “Dont Go”, “All The Way”, o “Turning Circle”, Hard Rock generico que llega a hacerse aburrido (pero disfrutable), mil veces escuchado antes, y “You Say Yes”, sin duda la peor canción jamás grabada por Judas Priest, mala, torpe, fea.  Pero fea de cojones.  

“Point Of Entry”, un disco poco común para una época poco común.  Por suerte siempre nos quedará lo que vino después.  Mas vale que decidieron subir en ascensor…..




lunes, 26 de noviembre de 2012

Discos Olvidados: Kiss “Unmasked”



Tópico:  “idea estereotipada y poco significativa, expresión repetida tantas veces que se ha convertido en vulgar o trivial”.  Todos sabemos que la machacona repetición de alguna idea o concepto termina por norma convirtiéndose en “realidad”, o así se le da a entender a quien posteriormente descubre esa idea.  Se le ha hablado tanto de ello que termina por convencerse de que lo que se dice es la verdad, y nada más que la verdad.  Ejemplo de tópico:  “Dynasty es el álbum discotequero de Kiss”.  Esa cantinela se ha repetido tantísimas veces que cualquier persona que lo oiga en la radio, o lo lea en el medio que sea, dará fe de ello, aunque no haya escuchado el disco en su vida.  Sí, saben que hay una canción titulada “I Was Made For Lovin’ You” que es música de baile, y ale hop!! clasifican así el disco entero sin haberlo escuchado siquiera.  Mas grave si cabe es que sean profesionales del ramo de la información quienes den vidilla al bulo.  Porque vamos a ver:  de 223 canciones editadas por Kiss (me he permitido la licencia de contarlas), sin contar los cuatro discos en solitario ni los directos y recopilatorios, Kiss tiene la friolera de….. 1 canción discotequera!!!!  Y los periodistas musicales siguen con la misma cantinela aún a día de hoy:  “Dynasty” es el álbum discotequero de Kiss, y bla, bla, bla, bla…....  Leo con estupor que algunos califican canciones como “Sure Know Something” o “Dirty Livin’”como música disco. Pues no señores, no es cierto.  Me niego.  NO!!!

Otro tópico:  “Unmasked es el disco pop de Kiss”.  No acierto a comprender si es que no han escuchado el disco, si su concepto de pop es diferente al mío, si mi concepto de pop es diferente al suyo, o si directamente hacen caso de los tópicos.  Porque pop, lo que se entiende por pop, no asoma por aquí salvo en un par de ocasiones, si se me permite la licencia.  Cierto, “Shandi” puede ser considerada una balada pop, y “Easy As It Seems” tiene un regustillo poppy, sobretodo esa solución no muy habitual en un disco de Kiss:  un solo de teclados.  Pero guitarrazos, haberlos haylos, como las brujas en Galicia.  Dos canciones y para de contar.  En eso se basan, creo yo, para decir que “Unmasked” es el “disco pop” de Kiss.  En dos canciones.  Pero la realidad es que este disco es puro Rock & Roll.  Rock festivo, saltarín, marchoso, bailable y cantable.


¿Ejemplos?:  “Is That You?” y “Tomorrow”, dos zambombazos rockanroleros con estribillos antológicos que no te podrás quitar de la cabeza.  O la trilogía de Ace Frehley:  “Talk To Me”, “Torpedo Girl”, y “Two Sides Of The Coin”, en especial esta última, pelotazos hardrockeros/rockanroleros en la forma que el bueno de Ace entiende el Hard Rock, y que tranquilamente podrían haber entrado en su disco en solitario.  Las más “oscuras” (sin llegar a ser oscuras) “She’s So European” y “Naked City” cantadas, como no, por Gene Simmons, y que por sí solas desmontan lo del “disco pop de Kiss”.  Y las menos conocidas "What Makes The World Go Round" y "You're All That I Want" que demuestra que en aquella época, incluso en los temas de relleno Kiss rockeaban sin compasión.

El disco fue un fracaso comercial, según he leído por ahí tan solo vendió 500.000 copias en EEUU, frente a los 3 millones de su predecesor.  Aunque yo no termine de creérmelo.  ¿Como es posible que en pleno megaestrellato, y con la población con la que cuenta EEUU, les dé por comprar el disco tan solo a 500.000 fans?  Simplemente con la inercia de las ventas de Dynasty ya deberían haber vendido una cantidad mayor.  En fin, cosas de la industria.  Lo que sí es cierto es que “Unmasked” pasó sin pena ni gloria, Kiss empezó la cuesta abajo (recordad que después vino esa especie de engendro llamado “The Elder”) hasta la publicación de “Creatures Of The Night”, en la que se dió cierto repunte en la popularidad del grupo.  Un disco este, olvidado pero muy disfrutable.  Ah, y no se si lo he comentado, pero NO ES UN DISCO POP!!!  He dicho.









lunes, 19 de noviembre de 2012

La Nueva Música Clásica



El otro día leí este artículo firmado por Jorge Nagore en el Diario De Noticias de Navarra.  No he podido resistir la tentación de compartirlo con vosotros, así que aquí lo tenéis.  Leedlo con atención y ya me contaréis.

Clásica
por Jorge Nagore

Smoke On The Water es música clásica. Tiene ya 40 años. Eso es antigüedad. Y la Creedence. Y Hendrix. Y Joplin. Y Canned Heat. Podríamos seguir años citando. Es música clásica. Nuestro gobierno no ha estado los últimos años soltando del orden de 4-5 millones de euros al año para pagar casi íntegros -o sin el casi- los sueldos de músicos profesionales para que las interpreten por ahí. Lo ha hecho con la música clásica clásica, que es una división que no se sabe quién hace, pero que ahí está. Hemos tenido una orquesta pública -la OSN- y nosotros sin enterarnos, algunos. Qué cosas. Me parece muy bien, pero como la incultura musical -mía también, por supuesto- no solo alcanza al Canon de Pachelbel, al Adagio de Albinoni o al Ave María de Schubert no veo por qué no tenemos también un grupazo que toque los temas de hace 50, 40 y 30 años a la gente joven que no tiene ni puta idea de quién es John Bonzo Bonham, Stu Cook, Gram Parsons, Nina Simone o Paul Simonon. Es cultura, se lo aseguro. Cultura de la buena. Bien, igual alguno tendría el pelo largo y alguna llevaría pendientes en la nariz y donde le plazca, pero es cultura. Clásica y acojonantemente buena. De hecho, ha movido al mundo, de hecho muchas de las cosas de las que ahora disfrutamos, muchos avances, muchos logros, se crearon escuchando esa música brutal. Es buena. Muy buena, escalofriantemente buena. Pero no hay dinero para eso, lo hay solo para sostener a una clase de música, dirigida a una clase de público, muy concreto, muy bien tratado, en comparación. Tampoco hemos tenido -oficialmente- escritores a sueldo, pintores, poetas, escultores -bueno, jeje-, trapecistas, humoristas o lo que sea. No. Solo ha habido para eso. Empleados públicos elegidos por dedos privados. Una puta vergüenza muy clásica.

Bueno, pues ahí queda eso.  Poco más se puede decir.  Únicamente una reflexión personal:  a la lista de abominaciones musicales ideadas por los políticos en este país, yo añadiría aquel lamentable concurso televisivo que pretendía crear estrellas de la canción, todo ello en horarios de máxima audiencia, y promocionarlos con un dinero presupuestado por TVE con el dinero de todos.  Todo ello sin tener ni puta idea del asunto, sin saber que una estrella nace, no se hace, quien tiene el talento lo tiene de nacimiento.  Otra cosa es que consiga exteriorizarlo.  Pues eso, consiguieron hacer millonarios a varios jovenzuelos a base de adormecer a la población con una sobreexposición masiva.  Recuerdo a la siempre sensata Aurora Beltrán entrando en directo vía telefónica para dar su opinión sobre ello en un programa de ETB 2 (canal de la televisión vasca en castellano) y explicando que a los elegidos para ese programa se les estaban promocionando con el dinero de todos los españoles, incluidos artistas que, como ella, no tienen la oportunidad de ofrecer su música a los televidentes en horario estrella, y que además les hacen la competencia en cuanto a ventas discográficas.  Las casas de discos se las ven y se las desean para cuadrar su presupuesto relativo a la promoción de sus artistas, mientras TVE promociona a sus elegidos sin coste alguno.  Como siempre hace, Aurora Beltrán hablando clarito.  Por cierto, no escuché a ningún otro artista hablar de todo ello con esa claridad.  Da que pensar.

Por otra parte, y sin dejar de lado el tema del artículo de Jorge Nagore, es evidente que el Rock Clásico está bastante maltratado en este puto país.  Porque, como muy bien dice, alguna vez se tendrá que equiparar a la música clásica.  Pero ¿cuándo?.  Supongo que, por ejemplo, lo que Vivaldi, Schubert, o Paganini hacían en los tiempos que les tocó vivir fue música contemporánea, música de su época.  Fue después, en algún punto, cuando se convirtió en clásica, supongo.  Yo creo que el Rock Clásico ya está en la frontera de convertirse en música clásica, no lo que se conoce como estilo musical, la “Música Clásica”, sino como música intemporal, música que se recordará en la historia, música que creará influencias en las generaciones posteriores, música que se estudiará en los colegios junto a Beethoven, Bach, o Sarasate.  Ojalá.  Porque no nos engañemos, Shakira, Alejandro Sanz, Lady Gaga, Britney Spears y demás estrellas de plástico, nunca van a pasar a la historia de la música, como sí lo harán Madonna o Michael Jackson.  Cuando se retiren o saquen un disco que no cale entre la población consumista, de ellos no se va a acordar ni dios, el público de consumo masivo es así, y ejemplos los hay a puñados (¿dónde están todas aquellas estrellas pop prefabricadas de los 80?).  Ahora bien, Little Richard, Deep Purple, Cream, Led Zeppelin, Mike Oldfield, Hendrix, Beatles, Stones, Elvis, Bob Dylan, Pink Floyd, Queen, Janis, Black Sabbath, Marc Bolan, AC/DC, The Who… (dios, podría tirarme así todo el día), no es que vayan a pasar a la historia de la música, sino que YA SON HISTORIA DE LA MÚSICA POPULAR.  Música Clásica.