viernes, 10 de mayo de 2013

The Dimestore Junkies: Siempre es Invierno en los Aeropuertos



Existen lugares que respiran distinto.

Lugares ajenos al día que se desparrama alrededor de lo cotidiano.

Hay una dulce tristeza en los andenes de las estaciones donde chapoteamos despedidas mientras esas miradas que siguen a los trenes que se alejan, se pegan a la ropa, o revolotean como enjambres de mosquitos, el aire antiguo de esas estaciones.

Y, claro, también el de los aeropuertos.

Aunque los aeropuertos parecen hechos de otoño. Con todos sus sonidos amortiguados por la nieve. Esa nieve que se oculta tras los grandes ventanales y bajo la imitación de mármol de los suelos de las terminales.

Las estaciones y los aeropuertos. Algunas calles, algunos bares, albergan una épica de lo cotidiano. Un ritmo ajeno al mundo fuera de ellos. Si, sé que los ruidos, el constante ir y venir, las prisas, las ruidosas despedidas, parecen retar a mis palabras a retractarse y claudicar, a reconocer que me equivoco.

Esto es así…En el mundo real. Yo hablo desde esa mirada que está dentro de cada uno, de cada una. Esa mirada que demasiadas veces dejamos que se cubra de legañas, por acción u omisión. Muros que ponemos nosotros y que también nos ponen.

Yo miro de otro modo esos lugares. Estaciones y aeropuertos llenos de invierno. Estaciones y aeropuertos que necesitan una banda sonora. No música de ascensor, sino aquella que refleja los sueños, las esperanzas, los miedos y las tristezas y también, las risas de las personas.

Hoy oigo la lluvia triste abrazándose a los coches aparcados, encogiendo a las personas en sus cuerpos, quien sabe si en sus miedos.

Hoy, cuando escribo, el día se ha vestido de invierno y la lluvia que cae parece la mano traslúcida de un ángel que busca el corazón de las personas agotadas, el alma de los hombres dormidos.

El día ha puesto hoy nieve en mis tardes de sol. Pero, de igual modo que sé que “Skyline”, de los Dimestore Junkies, dura cuatro minutos y siete segundos, sé y necesito creer que el día se marchará con el invierno, a rastras, si es preciso y mañana habrá luz y Rock N Roll y canciones como “Where Loose Ends Meet”, “Holden Caulfield And I” o “Everything Is Broken” del nuevo disco de la banda de Hässleholm, Suecia.

Las once canciones que el sexteto sueco acaba de publicar “With No Permission To Land ” sigue la senda del maravilloso “Skyline”, disco del cual toman “prestadas” cuatro canciones para su nueva obra. Canciones que suenan diferentes, más intimas, más sentidas, quizá, y, esta es mi percepción, menos espontaneas, pero preciosas, poderosas. Puro Rock N Roll  de texturas cercanas a esos grandes músicos norteamericanos llamados Springsteen, Nile, Petty.

La voz de Jorgen Johansson engancha, atrapa las orejas del alma y te toma por el corazón para liberar el invierno que pueda haber en tu interior y empujarte, despacito hacia ese nuevo día que, si lo deseas, te espera cada mañana.

Las calles siguen empapadas de agua de lluvia; anegan algunos momentos. Pero, como en todo, la lluvia termina, las nubes se siguen persiguiendo por un cielo siempre cambiante, siempre un poco más lejos. Y el sol se asoma por las esquinas del mundo prometiendo todos esos amaneceres que nos merecemos, todo el calor que una vida que necesita ser vivida, precisa.

Nuestros pasos, aún pisando charcos, deben de sonar como un Rock N Roll…Porque, al fin y al cabo, necesitamos un Rock n Roll.




miércoles, 8 de mayo de 2013

Lucero : Todas las carreteras que nos esperan



Existe, al menos para mí, un tipo de música que transforma los sonidos en imágines y sentimientos tan poderosos que desconectan mi vida del mundo, precipitándome a paisajes, a sensaciones a otras aventuras, a otras vidas.

Lucero posee una magia que, para mi desgracia, ha sido ajena a mi vida y con la cual, aún así, me identifico.

Esa magia se ha ido apoderando de los últimos trabajos de los de Memphis y ha sembrado de sonidos seductores y poderosos cada canción de sus discos. Esas canciones me han trasportado a escenarios que parecen sacados de las obras de Cormac McCarthy. No sé si es debido a que el cantante de Lucero, Ben Nichols, sacó en el año 2009 un EP titulado “The Last pale In The West”, basado en la obra de McCarthy que aquí se tituló: Meridiano De sangre.

Pero, evidentemente, Lucero es mucho más que un reflejo literario y una banda sonora que podría acompañar a los antihéroes del escritor.

Lucero es la intensidad, cruda e inocente, del Rock n Roll. Esa esencia pura que crece y arde en el interior de la tierra. Es el sudor del alma que pugna por gritarle al mundo el deseo de vivir, de sentir de clamar por un momento único que merece una vida entera.

Las canciones que la banda de Memphis han ido componiendo al cabo de los años se han ido despojando de un ímpetu Punk – Rock que campaba en sus primeras obras, para dar paso a una intensidad sonora húmeda y sensual. Repleta de Soul caluroso y un  Rock N Roll vigoroso que deja sombras setenteras en tus orejas.

Los quince años que la banda lleva componiendo música dan fe, en esta pequeña e intensa obra, de un poderoso sentimiento que va envolviendo cada canción. Hay algo terroso y crujiente en estas canciones. Algo que reclama espacios abiertos y carreteras secundarias que van inventando caminos a cada kilómetro que das. Esa mística de un sonido del alma queda patente en la voz de Nichols que suena igual que el motor de un Chevrolet Impala del 67. Intensa, dramática, ardiente y engrasada por un Bourbon que parece destilado en el infierno.

Sonidos Country – Rock en “Texas & Tennessee”. Medios tiempos deliciosos como “Union Pacific Line”  que me hace soñar con estaciones y trenes que me llevan a lugares donde unos ojos del color del mar fundiéndose con el cielo me esperan. Soul de una sensualidad que te empuja a bailar muy suave, muy cerquita de esa chica preciosa que sonríe como una luna creciente en la noche y que el bueno de Sam Cooke hubiera estado encantado de interpretar.

Y al final ese sonido campestre, canalla y outlaw de “The Other Side of Lonesome”.

Esa es la única pena del disco, cuatro canciones que te arrancan un deseo de más, de mucho más. Un acelerar el motor de tu vida en pos de esas carreteras polvorientas que aún están por cruzar.

Me siento en el suelo, ensuciándome la ropa con el polvo del camino. Miro como el sol va declinando por un horizonte que crece a cada respiración que doy…Sonrío, Mañana volverá a salir el sol…Por ahora es lo único que importa.






lunes, 6 de mayo de 2013

¿Y Ahora Qué? 2




Pasado el uno de mayo. Pasados los patéticos paseitos de los sindicatos apesebrados poniendo caras drámaticas y avisando de que necesitan reunirse para hacer una comisión que cree un estudio que valore la necesidad de afrontar la posibilidad de sentarse a hablar de "que hay de lo mio" y cuanto les va a caer este año.
Pasados esos momentos reivindicativos de pandereta...¿Y ahora qué? Si, otra vez, ¿Y ahora que?
Nada, ahora nada. Y lo que nos queda es la rabia. Lo que nos queda es saber que tenemos razón  y con eso nos quedamos.
Asi que no escribo más. Afortunadamente, hay por ahi, muy buenos amigos, (gracias por descubrirme esto, Iker), que te ponen en el camino a gente que dice las cosas como son y lo plasman en imagenes que hacen pobres mis palabras. Así que, como dejó escrito Pavese : Ni una palabra más...
Y a sentir...



  

viernes, 3 de mayo de 2013

Tom Keifer : Lo Que Necesitas…Esto Es Rock N Roll



Los años van arrancando de cuajo los momentos únicos que uno no aprovecha. Como en  un huracán, no te enteras de que todo se va desarbolando a tu alrededor porque vives en esa pausa momentánea y ficticia que es el ojo del huracán. Y esto es así…si tú te dejas, claro.

Por ese motivo, porque no me voy a dejar. Porque ser el asesino de las emociones de uno mismo es lo más estúpido que uno puede ser, porque no está en mi naturaleza y porque soy quien quiero ser cada día de mi vida, me reivindico a golpe de guitarra, de bajo y batería, a gritos y a susurros y por eso necesito un Rock N Roll.

¡¡Y, la ostia, Tom Keifer me acaba de regalar catorce!!

Porque, dime, en tiempos tan mediocres, tan plagados de parásitos emocionales, inmersos en una nada catastrófica que hemos dejado que nos inunde y dirija a lugares en los que no queremos estar, ¿Qué te haría pelear, hacia qué lugar encaminarías tus pasos, convencido de que ese es el puto sitio al que quieres ir? No, no te voy a lanzar una proclama política, si quieres defender lo tuyo ya sabes lo que hay que hacer. Pero yo, en estos momentos, querría estar en primera fila, frente a  un escenario en el cual estuviese cantando y tocando Tom Keifer. Agarrado a mi chica y sudando Rock n Roll. Así de claro.

Y  es que el cantante de aquella grandísima banda de Hard Rock, llamada Cinderella, acaba de sacar al mercado uno de los que, para este organismo bicerebral es el disco del año. “The Way Life Goes” es un puto compendio de cómo se  puede y se debe hacer MÚSICA, si, con mayúsculas. Es un mapa de sensaciones y pasión. Un itinerario que va de las tripas a las guitarras, del corazón al amplificador. Un medio que logra estallarte esa costra que, capa a capa, estúpidamente, te vas añadiendo en la monotonía de los días, en los pasos que no has dado en los quisieras que no has tenido los cojones de gritar. Puro Rock N Roll. Tan sencillo, tan mágico, tan fácil de sentir y tan difícil de explicar. Hecho con alma. Cantado con una pasión, una ilusión y un sentimiento que deseas que se te enganche a la piel como el último beso que el amor de tu vida te ha dado.

Escuchar  “Thick And Thin” me hace soñar con noches que se desdoblan como una flor nocturna, esas noches, esas flores que despliegan un perfume que te hace cerrar los ojos y sentir.

“Ask Me Yesterday” es la banda sonora que toda persona que tiene ganas de crecer como ser humano debería de escuchar. Posee una intensidad y una profundidad emocional que pone alas al alma. Y es que Tom Keifer ha estado trabajando en The Way Life Goes desde el año 2003 y eso, amigas y amigos, se nota en cada canción que el de Springfield ha compuesto. “Solid Ground” en una apetitosa  introducción a lo que va a ser una gloriosa fiesta de Rock.

Pasión y alma estallando como un puto volcán en el primer día de vida de la tierra. “A Different Light” tiene una envolvente manera de tomarte de la mano y llevarte a una puesta de sol en el sur de la vida y acurrucarte en esa persona que sólo te puede dar días bonitos.

“Cold Day In Hell” se impregna de ese Rock N Roll apasionado con una musicalidad poderosa y unos coros femeninos que embellecen cada estrofa, tanto de esta canción como de ese puto tema que me tiene envenenao titulado “The Flower Song”.

Versátil, y lleno de alma, Keifer se pasea por el Rock N Roll con una elegancia y un suave y poderoso caminar dejando huellas sonoras imborrables como “Mood Elevator”, o ese medio tiempo delicioso y lleno de corazón llamado “You Showed Me” una canción tan emocionante y emocional que vendería mil veces mi alma por podérsela cantar así, con la emoción a flor de piel al amor de mi vida, mientras el sol va declinando por el horizonte y la noche sonríe a la vez que despliega sus estrellas y lanza la luna a jugar por un cielo que parece estar hecho para bailar, bajo él, un apasionado Rock N Roll como este “The Way Life Goes” hasta el amanecer.

Hay discos que te hacen emocionar. Discos que te son necesarios para llenar, en ocasiones, esos huecos del alma por los que se puede escapar la vida. Discos que son un fondo agradable para ser tú, pausadamente, y vivir los minutos en un vals de sensaciones…Y discos que te arrancan las tripas del alma. Que te estallan en las orejas, en el corazón. Que te emocionan de tal manera que lanzan al tío racional que eres a la estratosfera sin traje espacial, y libera al animal que llevas dentro empujándolo a aullar a la luna de Rock N Roll que arde en el cielo nocturno. Gritas y suspiras los susurros de ese amor a bocaos que necesitas dar y que te den. Lames el cuerpo sudado después de bailar canciones llenas de electricidad y pasión. Te acurrucas en la cueva de carne y huesos que ese cuerpo que deseas te ofrece mientras suenan canciones borrachas de sentimientos y deliciosas sensaciones para que, pausada y dulcemente, cierres los ojos  mientras el pitido de un ardiente Rock N Roll aún resuena en tus orejas y deja una huella imborrable en el corazón. Así es “The Way Life Goes” Fuego de las tripas, electricidad del alma y sudoroso y poderoso Rock N Roll…La puta ostia.

Tom Keifer - Cold Day In Hell

Tom Keifer - You Showed Me




miércoles, 1 de mayo de 2013

Davidson Hart Kingsbery : Ventanas al Desierto



El pedazo del mundo que recorta la ventana de la habitación en la que permanece inmóvil desde hace más años de los que nadie desearía y era capaz de recordar, Es un trocito de cielo. Un cielo azul o gris o tachonado de estrellas y lunas vagabundas que acuden fieles a su cita en la ventana mes a mes.

Además, ve las ramas escuálidas y huérfanas  de hojas de un viejo olmo resquebrajado y terminal que, cuando el viento golpea con rabia la ciudad, manotea, como la garra de una bruja de película de Disney el cristal de la ventana, quien sabe si con la intención de romperlo, estirar la rama y atenazar el corazón de la persona postrada en la cama como reclamando una vieja deuda que al fin iba a cobrar.

No es mucho. Pero es el mundo. Aún y todo, eso hubiera sido del todo insuficiente y dolorosamente pobre si no estuviese la música.

Cada mañana alguien, no sabía quién, sus ojos no abarcaban ese ángulo de la habitación, le deja en un reproductor de CD un disco. Cada mañana uno distinto, sin repetirse nunca. De estilos y texturas variadas. Buena música siempre. Y eso, es lo que al fin y al cabo importaba.

La voz que trae la música, posee un sonido tranquilo, pausado. Pero llena de música, a su vez y  tintada de un ánimo que recorre cada frase que dice como un rio subterráneo que llena de vida las entrañas de la tierra.

La voz deja la habitación con un –Que lo disfrutes- Y sólo queda la música y la persona postrada en la cama. Pero en ese momento, ya no hay soledad. La música llena la habitación y el mundo. Hace crecer magia y emoción y sonrisas que nacen en el corazón aunque, los puentes para llegar a la boca estén derruidos y desperdigados por su cuerpo inerte hace una eternidad.

Hoy la mañana empieza con “Met An Angel” una deliciosa canción de un  disco titulado “2 Horses” de una banda que atiende al nombre de Davidson Hart  Kingsbery. Y esa melodía arranca el alma de la persona y la hace volar a través del cristal. Y alzarse hacia un cielo azul que ya no es el de la monótona y lastrante ciudad en la que ha languidecido desde hace años. Ahora el cielo azul es el de un desierto sin nombre, más intenso, más amplio con un horizonte que duele mirar.

“Stay Outa My Dreams”  y “2 Horses” parece estar hecha para escucharla desde un cadillac de 1957 con una carretera que crece a cada kilómetro que recorres. Con el viento enredándose en tu pelo y susurrándote al oído canciones con la belleza y la intensidad de “Stuck In Washington” o “Sunflowers On The Water”. Es una música que el chaval de Paris, Texas (Sip, como en la peli de Win Wenders) que las canta las saca desde las putas tripas. La crudeza en la voz de Hart Kingsbery, semeja a mascar esa gravilla del desierto que cruje bajo el peso de las botas gastadas que tú y tú y también tú desearíais calzar poniendo rumbo hacia una nada deliciosa y ajena a los mapas, a las cuadrículas al orden. Puro Outlaw, con la sangre hirviendo y no por el calor del desierto sino por el fuego del alma que estalla a cada estrofa, a cada nota que la banda escupe desde allí dentro. Desde esa cueva cuyo frescor rememora el primer amanecer de este planeta y cuya intensidad todos hemos olvidado, o casi.

Ben Strehle a los teclados, Dean Johnson a la guitarra solista y a las preciosas harmonías vocales, Bryan Crawford a la batería, Eric Himes al bajo y Hart Kingsbery a la voz solista y a la guitarra acústica parecen cabalgar al lado de la persona, huyendo de una ley que obliga al aburrimiento, al sometimiento a la jaula donde tan cómodos se encuentran algunos y algunas; o en pos del próximo garito donde tocar canciones como “Devil In His Heart” o “Nyquil and Wine”. Poder e intensidad en temas que llenan el día de más luz de la que el propio desierto es capaz de tener y canciones que anuncian esa calma que da el atardecer y preludia la noche invitando a los depredadores a bailar canciones de vida y muerte.

La música llena el alma de la persona de sonidos, de texturas, de olores y sabores que nunca ha experimentado. La música arrastra a la persona lejos del cuerpo que parece un sudario, la empuja afuera, a otra vida, a una vida. La hace sentir y al sentir, es. Y de este modo, no hay prisión que la retenga. No hay maldición que sea capaz de infligirle temor, no hay horizonte al que no pueda llegar y no hay, nunca habrá, muerte que le pueda alcanzar.